Daniela Vicuña

Psicología para la vida


¿Cómo manejar el cambio de institución educativa?

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  1. Desde la perspectiva de la psicología, ¿cuándo es aconsejable cambiar a un niño de una institución educativa?

Un cambio será aconsejable cuando el niño o adolescente presente dificultades serias de adaptación a una institución. Esto podría darse porque tenga algún problema de aprendizaje o de comportamiento y la institución no le ofrezca las oportunidades necesarias para que pueda desarrollarse adecuadamente,  o por dificultades importantes en la relación con autoridades, profesores o compañeros. En este caso será fundamental evaluar si la institución está tomando las medidas que se requieren para proteger la integridad física y psicológica del estudiante; de no ser así lo más recomendable es pensar en un cambio lo antes posible.

Otro factor por el que se podría aconsejar un cambio de institución es cuando los valores y  principios del colegio o el trato hacia el alumno no están de acuerdo con los lineamientos que rigen al grupo familiar.

  1. ¿Qué aspectos positivos pueden existir para un niño con el cambio de institución educativa?

En general será positivo porque tendrá la posibilidad de desarrollar habilidades de adaptación. Todo dependerá del manejo que le den los padres a la situación durante todo el proceso.

Sin embargo, no es recomendable realizar demasiados cambios de institución, solo se realizarán cuando sea estrictamente necesario.

  1. ¿Cómo deberían preparar los padres a sus hijos para un cambio de institución educativa?

Es importante que los padres hagan partícipe al niño de todo el proceso. Desde el inicio se recomienda que hablen con él respecto a su decisión de cambiarlo y le expliquen los factores que han influido. La opinión y sentimientos del chico siempre deberán ser tomados en cuenta.

Se aconseja que el niño sepa de las opciones principales de institución, que las conozca con sus papás y que pueda manifestar cuál ha sido su impresión respecto a cada una de ellas. Siempre será más fácil para un chico adaptarse a un lugar que desde el principio le generó expectativas o por el que mostró interés.

  1. ¿Cuál sería la mejor motivación que pueda tener un niño para aceptar el cambio a una nueva institución?

El mejor impulso sería que esté consciente de las mejoras o ventajas que ofrece el nuevo lugar frente al anterior, que sepa que se consideraron las dificultades que presentó en el lugar anterior y sus necesidades específicas al momento de elegir la nueva institución.

  1. ¿Cuáles son los principales temores que pueden surgir el momento en que un niño sabe que iniciará el año escolar en una nueva institución educativa?

Los principales temores que pueden enfrentar los niños ante un cambio de institución están relacionados con el temor a lo nuevo y diferente, con cambiar los parámetros que han regido su rutina durante algún tiempo.

Una de las mayores preocupaciones es frecuentemente si logrará entablar relaciones sociales nuevas y satisfactorias, como también si podrá adaptarse al grupo de compañeros.

También podría preocuparse respecto al nivel de exigencia en el nuevo colegio y su rendimiento académicamente.

  1. ¿Cómo influye emocionalmente el cambio de institución educativa en un niño?

Sin duda alguna es un cambio muy importante, considerando que es un lugar en el que el niño o adolescente pasa gran parte de su tiempo diario. Es común que se sienta más sensible o irritable frente a la noticia del cambio, lo que podría darse incluso si él ha pedido o está de acuerdo con él. También se espera que se  muestre estresado a medida que se acerca el momento de iniciar clases en la nueva institución.

En el caso de que la experiencia vivida en el colegio anterior no haya sido positiva, el chico puede sentir inseguridad respecto a lo que ocurrirá en el nuevo colegio ya que tenderá a pensar en la nueva experiencia en base a lo que vivió anteriormente.

  1. ¿Qué es lo más recomendable para que los niños logren adaptarse a su nuevo lugar de estudios?

Su capacidad de adaptación siempre dependerá de la seguridad en sí mismo y de las habilidades sociales que haya desarrollado hasta el momento.

El ambiente familiar será de gran importancia para que el chico desarrolle y fortalezca estos aspectos, lo que se logrará:

  • Reconociendo sus características positivas.
  • Felicitándolo por sus logros.
  • Proponiéndole nuevos retos de acuerdo a su edad y a su desarrollo.
  • Brindándole la posibilidad de relacionarse con grupos diferentes a los de su colegio.

Siempre será importante plantear el cambio como una posibilidad de desarrollar habilidades de adaptación, lo que será muy útil para el chico a lo largo de toda su vida.

  1. ¿En qué tiempo podrá el niño adaptarse a una nueva institución educativa?

Depende de las habilidades de cada niño y de las características del nuevo ambiente: la adaptación podría darse a los pocos meses o tomarle incluso un año lectivo completo. Sin embargo, al iniciar el segundo año lectivo en la institución el chico ya debería sentirse a gusto en su nuevo lugar de estudios.

La adaptación dependerá en gran medida del seguimiento y el apoyo que reciba del personal del colegio y de su ambiente familiar, que deberá suplir las necesidades del chico considerando que en un nuevo lugar se enfrenta a muchos cambios y retos importantes al mismo tiempo.

  1. Como padres y profesores, ¿qué se debe hacer si el niño no logra adaptarse a la nueva institución educativa?

Será importante evaluar las causas por las que ha resultado difícil la adaptación, entre las cuales tenemos:

  • Error en la elección de la institución porque no se consideraron las características individuales del niño o adolescente.
  • Dificultad para entablar relaciones sociales.
  • Dificultad en la adaptación a la nueva metodología de enseñanza o reglas del colegio.
  • Dificultades específicas con profesores o compañeros.

En cualquiera de los casos será importante brindar el soporte necesario al chico dentro de la casa o con un profesional externo. No conviene considerar un nuevo cambio en primera instancia, porque el niño debe entender que en todo lugar encontrará mayores o menores dificultades y será importante enfrentarlas y buscar solución en lugar de realizar constantes cambios de institución a lo largo de toda su historia apenas encuentre algo que no sea de su agrado.

En todo caso los padres serán los encargados de evaluar la gravedad de la situación y considerar una nueva opción de ser el caso.

 

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IMPORTANCIA DEL ROL DE PADRE EN LA CRIANZA DE LOS HIJOS

Wordpress-01.jpgEn la época de nuestros abuelos e incluso de nuestros padres, la crianza de los niños era una labor de la que se encargaban casi exclusivamente las mujeres. Sin embargo, esta distribución de funciones ha cambiado con el tiempo; en la actualidad cada vez es más compartida la crianza de los hijos  por el padre y por la madre y son también más evidentes los beneficios que esto trae para el niño.

La cercanía con padre y madre es importante porque el niño puede tener el aporte único y diferente de cada uno de ellos. Aunque los padres hayan llegado a acuerdos respecto a la crianza de sus hijos, cada uno lo tratará o cuidará de acuerdo a sus propias características, por lo que el niño se beneficiará de los matices en la relación y la perspectiva del mundo que cada uno le brinda.

En sus primeros días el bebé tiende a depender en mayor medida de su madre, el vínculo tiende a ser más estrecho porque se han sentido más íntimamente desde el embarazo. Por esta razón, es primordial que el padre también esté presente para el bebé desde esta primera etapa, hablando con el bebe, teniendo contacto con el vientre de la madre, así estimulará al bebé, lo acompañara y será un soporte para la mamá en todo el proceso. Cuando el bebé nazca será importante que la madre muestre confianza respecto al cuidado que el padre le pueda dar y que vayan aprendiendo juntos cómo cuidar a su hijo, de manera que el niño se sienta seguro y familiarizado con los dos.

Esto además de ser beneficioso para el niño, también lo será para la familia en general, ya que la madre no se sentirá cargada o estresada de ser la única que atiende al niño y le permitirá también encargarse de sí misma o compartir tiempo con otros familiares, como otros hijos por ejemplo.

Tradicionalmente la función del padre está más relacionada con la “apertura” del niño al mundo. Esto lo hace el padre al poner reglas, dando seguridad para salir al exterior y enfrentar desafíos. Es la figura con la que el niño se identifica, a través de la que aprende a confiar y a relacionarse con el sexo masculino. Y a partir de la relación de los padres establecerá también sus parámetros de relación de pareja. Es importante notar que por más que seamos padres o madres excelentes, será difícil que uno de los dos pueda suplir al otro, cada uno es fundamental en la estructuración del sujeto en sus primeros años.

La función del padre es además que el niño sepa que no lo es todo para su madre, ni que su madre lo es todo para él. Esto los libra a los dos de sentirse atrapados en una fusión que puede tener graves consecuencias psíquicas para los dos. Es saludable para la mujer ser madre, pero también pareja, hija, amiga y tener su propia vida. Es también saludable para el niño conocer que la felicidad y la vida de su madre no depende totalmente de él; esto le permitirá también dar lugar, espacio para otro tipo de relaciones y sentirse seguro en otras actividades fuera de la casa.

Un niño que se siente amado y protegido por sus  padres, que tiene una imagen positiva y cercana de los dos, que puede conectarse emocionalmente con ambos, que es reconocido por los dos, es un niño con mayor seguridad y amor por sí mismo. El amor que cada uno deposita en él, será interiorizado,  transformándose en amor por sí mismo y en patrones de relación saludables con las personas fuera del núcleo familiar.

 


La importancia de cuidar de nosotras mismas

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Muchos de nosotros hemos sido criados bajo la creencia de que ser una buena madre, es ser una mujer que sacrifica sus propios deseos y necesidades por el bienestar de su familia y sus hijos. Como si ser una buena mamá implicara olvidarse de sí misma, darlo todo para que los demás estén bien. Sin embargo, tratar de cumplir con este modelo, significa un gran costo individual y también familiar, porque como en cualquier otra tarea de la vida, es difícil desempeñar adecuadamente nuestras funciones si no nos sentimos bien con nosotras mismas.

Independientemente de la presión externa, este ideal de sacrificio y entrega total por lo general es auto impuesto, luchamos por mantenerlo a toda costa ya que de otra manera nos juzgaríamos bajo parámetros negativos. Vale la pena cambiar esta forma de pensar, volver a conectarnos con nosotras mismas y escuchar lo que tenemos en nuestro interior. Encontraremos una gran riqueza, que no solo servirá para desempeñar mejor la función como madre y esposa, sino que permitirá desarrollar nuestro potencial como seres humanos, luchar por lo que es importante para cada una de nosotras.

Se encontrará entonces que es posible combinar el ser madres con el poder compartir momentos agradables en pareja, desarrollarse en las áreas profesional o laboral, desarrollar habilidades e intereses, darse gustos, cuidar de la salud y aspecto físico, entre otros. Cada una de nosotras tiene la capacidad de hacerlo, sin que por ello nuestros hijos o nuestro hogar queden descuidados. Solo es cuestión de aprender a darnos el tiempo que merecemos y apoyarnos en los recursos de los que disponemos a nuestro alrededor.

Para evaluar estos aspectos, podría ser útil preguntarte:

  • Qué tan feliz o satisfecha te sientes con la vida que llevas actualmente?
  • Cuanto tiempo dedicas a diario para lo que te hace bien a ti?
  • A qué dedicas tu tiempo libre?
  • Qué actividades te gustaban y has dejado de hacer porque piensas que por ser madre ya no puedes?
  • Cuando te ves a ti misma, qué tipo de mujer ves? Te identificas con esta persona que eres actualmente?
  • Qué áreas has descuidado de ti misma? Por qué lo has hecho?

Ahora imagina como sería tu vida, si cuidaras de tu salud, si encontraras la manera de retomar tus estudios, si emprendieras tu negocio propio, si te vieras linda y arreglada, si pudieras tomar un curso de lo que te gusta, si te tomaras tu tiempo libre para hacer algo que te interese y te distraiga? Sin duda serías una persona más feliz y satisfecha contigo misma, lo que reflejarías hacia tus hijos también.

Es común reflejar los miedos, frustraciones e inseguridades propios en los más pequeños. Se transforman fácilmente en constante malestar, reclamos, cansancio, malos tratos, falta de paciencia, etc. El mantener un mayor equilibrio entre el tiempo personal y el que se dedica a los demás hará que se muestre una mejor disposición general, mayor flexibilidad, que se encuentren más fácilmente soluciones a los problemas de la vida cotidiana, que se disponga de mayor energía y motivación.

El ocuparnos de nosotras mismas además de los beneficios personales, también da a nuestros niños un buen referente de cuidado personal, ya que además del cuidado que nosotras les podamos brindar, les enseñaremos que es también importante cuidar de ellos mismos. Es sumamente primordial que vean a una madre que desarrolla sus propios intereses, que no sean el centro de atención en la vida de su madre, ya que esto podría ser una responsabilidad muy difícil de llevar para el niño, adolescente o posteriormente el adulto. Es esencial también que a través del ejemplo aprendan a poner límites en la relación con otras personas, que nos vean expresar abiertamente lo que nos gusta o no, que nos vean tomar medidas frente a las situaciones que nos causan dolor o sufrimiento. Este “cuidado emocional” es parte del cuidado hacia nosotros mismos y es una enseñanza fundamental en la crianza de nuestros hijos.

Así que dejemos de pensar que hacemos mal al darnos importancia a nosotras mismas. Somos uno de los pilares de nuestra familia y por serlo tenemos la responsabilidad de ser personas estables y felices que podamos apoyar a nuestros hijos en su desarrollo, enseñándoles lo que necesitan para desempeñarse como personas saludables en el futuro.

Recordemos que esto solo se dará a través de un buen ejemplo de cuidado y amor personal.

 


Cómo ayudar a los niños a superar los miedos

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Es muy común que los niños presenten miedos desde temprana edad, algunos de los más comunes son: a la oscuridad, a algún animal o personaje específico, a ir a la escuela, al doctor, a los temblores, a los ladrones, entre otros. Muchos se basan en acontecimientos reales vividos por el niño o por algún miembro de la familia cercano, que ha transmitido constantemente el temor o nerviosismo hacia una situación o tipo de persona. Otros también estarán relacionados con lo que el niño vio en una película o un video juego, lo que produjo un gran impacto para él de manera que es difícil olvidar esa imagen o situación. Sin embargo, es importante entender que a pesar que la causa del miedo no sea tan aterradora o grave para un adulto, si puede serlo para el niño, considerando la percepción que tiene de sí mismo frente al mundo que lo rodea y también por la gran capacidad de imaginación que tiene como característica propia de la etapa de desarrollo en la que se encuentra.

Cuando el miedo es muy intenso y funciona como un obstáculo para que el niño desempeñe alguna de sus actividades cotidianas, los padres muestran gran preocupación. En esta situación puede mostrar síntomas como llanto excesivo, rigidez corporal, conductas agresivas, sudor, temblores, dolores de cabeza o de estómago, náuseas, entre otros. Adicionalmente, puede negarse rotundamente a estar en contacto con esa persona o situación y por más esfuerzos que realicen los padres puede resultar imposible convencerlo de que lo haga.

Siempre será importante revisar en que momento apareció el miedo con mayor intensidad, porque podría surgir a partir de alguna etapa conflictiva o de especial vulnerabilidad para el niño. También valdría la pena chequear si está asociado a alguna experiencia traumática específica, en la que haya que trabajar en terapia.

Existen también niños que desarrollan una personalidad más temerosa que otros, caracterizada por un gran nerviosismo frente a diferentes situaciones, inseguridad en sí mismo, necesidad de ser acompañados por un adulto cercano constantemente, timidez, etc.

En general, lo primero que se recomienda es que los padres o principales cuidadores evalúen el tipo de crianza que dan al niño y el ambiente que lo rodea. Por lo que existen algunos factores que pueden predisponer a desarrollar fuertes temores o un tipo de personalidad “nervioso”, entre ellos están:

– Un estilo de crianza sobre protector en el que los padres no dejan que el niño se desenvuelva por sí solo, que le muestran el mundo exterior como extremadamente riesgoso, por lo que limitan sus posibilidades de relacionarse en otros ambientes o con personas nuevas. Hacen las cosas por el niño convirtiéndolo en extremadamente dependiente, nervioso, inseguro de sí mismo, con un sentimiento de vulnerabilidad e indefensión constante frente a la vida, con dificultades importantes para establecer relaciones interpersonales, para manejar y expresar sus emociones.

– Un ambiente en el que el niño sea víctima o testigo de maltrato físico o psicológico y de abuso sexual. Son experiencias que determinarán también la percepción que el niño tenga de sí mismo y su manera de relacionarse con otros.

– Un ambiente que no brinde al niño la seguridad y estabilidad necesarios como por ejemplo, que constantemente este cambiando de cuidadores, que no tenga un lugar de vivienda fijo, que no existan reglas para su comportamiento, que no tenga una rutina establecida, entre otros.

– Una situación que sea vivida por el niño como un trauma como la muerte de un familiar cercano, haber sido parte de una catástrofe natural o algún tipo de accidente, un divorcio conflictivo entre los padres, etc.

Es importante por lo tanto, además de trabajar en técnicas específicas para superar el miedo, poder trabajar en terapia psicológica en los factores familiares que predisponen al niño a sentirse inseguro respecto a si mismo y a sentir inseguridad respecto al ambiente que le rodea.

Algunas recomendaciones básicas para ayudar al niño a tener una mejor percepción de sí mismo y relacionarse de manera más saludable con el entorno son:

– Brindar un ambiente con reglas y consecuencias claramente establecidas. Establecer una rutina diaria que describa las actividades que realiza el niño con un orden y tiempo específicos. Darle responsabilidades dentro del hogar según su edad y etapa de desarrollo.

– El niño deberá disponer de su padre y su madre, siempre que sea posible, y en el caso de que no los tenga, de cuidadores que sean estables en su vida. Estas personas le brindaran afecto, cuidado y protección como necesidades emocionales básicas de todo niño. Será importante también que, según el nivel de desarrollo del niño se ayude a desarrollar hábitos de independencia, es decir que aprenda también a cuidar de sí mismo y a desenvolverse solo fuera del ambiente familiar.

– Los padres deberán permitir al niño expresar libremente sus emociones y estar prestos a escucharlas con respeto, amor y empatía. Esta será una habilidad que el niño desarrollará a partir de las referencias que tenga en su entorno, por lo que es aconsejable que los padres también lo hagan y enseñen a solucionar las diferencias con otros a través del diálogo.

– Es importante también que los cuidadores ayuden a desarrollar una percepción positiva de sí mismo, mostrando aceptación por lo que él es, reconociendo sus esfuerzos y sus logros, motivándolo a experimentar nuevas vivencias.

– También se recomienda que los adultos a cargo de permitan trabajar en sus propios temores y tengan mayor consciencia sobre la manera en que los transmiten a sus hijos, muchas veces sin darse cuenta de ello. Es importante entender que el niño tiene derecho a experimentar el mundo que le rodea sin que le interrumpan nuestras propias limitaciones.

A pesar de estar cubiertas todas las necesidades mencionadas, es posible que el niño experimente ciertos temores intensos, característicos de algunas etapas de desarrollo. En ese caso, le puede recurrir al empleo de estrategias como:

– Brindar al niño la posibilidad de tener un objeto especial que le ayude a sentirse más tranquilo en situaciones que le causen temor, como un peluche, una imagen, una pequeña luz, etc.

– Ayudarlo a identificar sus sensaciones cuando se expone o se imagina lo que le causa temor y ayudarlo a desarrollar un “plan” sobre qué hacer o qué decir en estas situaciones. Puede ser crear una frase o una acción específica para “derrotarlo” o evitar que le cause daño.

– Permitirle expresar todo lo que siente y piensa respecto al objeto que causa su miedo. Brindando información que le permita ubicarse en su situación actual.

– Practicar con el niño técnicas de relajación, como respiración profunda, soltar los músculos de su cuerpo, etc.

De manera general, se recomienda mostrar respeto hacia las emociones que exprese el niño, no ridiculizarlo, ni minimizar sus sentimientos. Hacerle saber que todos sentimos miedo, sin embargo debemos trabajar para que no nos dominen, ni nos limiten excesivamente. Se recomienda ante todo ser paciente y respetar el proceso de cada niño, ya que las recomendaciones funcionaran en distinta manera y tiempo para cada persona.


¿Cómo dar soporte a los niños en caso de desastres naturales?

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Ecuador se encuentra atravesando una de las crisis más fuertes que ha vivido, por el terremoto ocurrido en días pasados. Muchas personas se han sumado a prestar ayuda y es importante considerar algunos aspectos que se deben tomar en cuenta en el caso de dar soporte a los niños que han sido parte de esta catástrofe natural, ya que es una población con características y necesidades particulares.

Se debe considerar que un niño en sí mismo es un individuo en condición de mayor vulnerabilidad, lo que se ve significativamente incrementado en el caso de un desastre natural, donde el entorno es sumamente desorganizado y caótico. Por lo que es más propenso a sufrir de maltrato, abuso sexual, negligencia, entre otras afectaciones.

Algunos de los aspectos que se deben revisar en primera instancia son si el niño: ¿tiene un techo donde vivir?, ¿el lugar de vivienda o de refugio representa algún tipo de riesgo para su integridad física o psicológica? ¿Está herido o enfermo? Hay algún adulto que se pueda hacer cargo de él (de preferencia, un familiar), ¿está bien cuidado y protegido en este lugar? ¿Tiene acceso a la alimentación: agua, vestimenta, higiene personal?

Uno de los puntos primordiales será llevarlo a un lugar seguro donde no esté expuesto a ningún riesgo físico, ni psicológico; en donde sus necesidades básicas estén cubiertas, donde se le preste atención también a sus necesidades emocionales de afecto, protección, apoyo, entre otras. En el caso de niños que no tengan un adulto cercano que los pueda cuidar, lo más importante será ponerlo bajo el cuidado y protección de un grupo de voluntarios “oficiales”.

Una vez que el niño esté en lugar seguro, será fundamental evaluar la situación emocional del niño después de la catástrofe:

¿Está en capacidad de expresar lo que siente y piensa? ¿Cómo es su conducta actual? ¿Se lo ve muy irritable, agresivo, llora todo el tiempo, pelea con todos a su alrededor, está muy nervioso o temeroso? ¿Prefiere no hablar, se aísla, está muy retraído? ¿Dice sentir malestar en el cuerpo como dolores de cabeza, náuseas, dolor de estómago, mareos? ¿No puede dormir, tiene pesadillas, tiene falta de apetito? ¿Recuerda lo sucedido? ¿Su pensamiento y su expresión están organizados? ¿Presentan retraso en su desarrollo? (dejaron de controlar esfínteres, no quieren hablar, por ejemplo)

Los síntomas descritos se pueden esperar en la mayoría de los casos tras una catástrofe natural y será de utilidad revisarlos para entender mejor las necesidades específicas de cada niño. En el caso de que se muestren con mucha intensidad, no cedan a lo largo del tiempo o puedan afectar gravemente la integridad del niño o de otros, deberá ser remitido lo más pronto posible a algún profesional de la salud que pueda darle el tratamiento adecuado.

Algunas recomendaciones para realizar una primera intervención con los niños serían:

–       Hablar en un lenguaje sencillo, que el niño pueda entender según su nivel de desarrollo.

–       Decir al niño que está en un lugar seguro con adultos que cuidan de él y que no van a permitir que nada malo le suceda.

–       Es importante que se le dé al niño una explicación clara y sencilla de lo que está pasando. Hubo un terremoto (la tierra tembló) y eso fue lo que causó daños a las personas, a los animales y a las casas. Todavía la tierra se mueve pero ahora estás a salvo y en un tiempo la tierra dejará de temblar. Es muy posible que se encuentre preocupado de donde está su familia, sus amigos, etc., será importante decirle lo que está pasando, si algún miembro de la familia ya no está presente; por ejemplo, darle mucha contención y apoyo en este momento y asegurarle de que no estará solo, de que habrá un adulto que lo cuidará y lo protegerá.

–       En el caso de que se presenten ideas erróneas, correspondientes a la fantasía o a la falta de información, brindar una explicación más cercana a la realidad.

–       También será importante decirle que ni él, ni nadie de los que tiene cerca son culpables de lo que está pasando, que es un hecho que nadie esperaba y que irá normalizándose la situación.

–       Permitir al niño expresar sus emociones en relación al suceso. Dejar que desahogue su tristeza, ira, preocupación, miedo, angustia, etc. En el caso de que no pueda expresar sus emociones, se lo puede ayudar poniendo en palabras lo que el niño muestra con su conducta. Se le puede decir por ejemplo: “noto que estás muy enojado”, “me doy cuenta que estás triste”, “parece que estás muy asustado”, etc. El siguiente paso, sería validar sus emociones, diciéndole que es normal sentirse de esta manera y que es importante que lo pueda decir al voluntario, familiar o profesional más cercano, que siempre estarán ahí para que lo pueda hacer y que todo lo que está sintiendo es valioso para ellos. Recordar que no hay emociones positivas, ni negativas y que todas merecen ser escuchadas.

–       Esté o no en condiciones de expresar lo que siente, será importante poner a disposición del niño juguetes con los que pueda representar su situación actual. Recordemos que a través del juego el niño le da sentido a lo que está viviendo y lo puede asimilar. Permitirle jugar a lo que él elija. Es muy posible que a través del juego represente el hecho que está viviendo.

–       Es posible que a medida que desarrolle algún vínculo con uno o varios de los voluntarios; en el caso de no estar con su familia, quiera estar todo el tiempo cerca de él o ella. Permitir que el niño pueda estar cerca de la persona con la que genero este vínculo.

–       De ser posible, entregar al niño algún objeto personal que se haya podido recuperar o permitirle elegir algún juguete donado para que pueda conservarlo y sentirlo propio.

–       Durante el juego se le puede ayudar a encontrar soluciones positivas a la catástrofe, por ejemplo, que la familia construye con el tiempo un nuevo lugar para vivir, que se sienten mejor de salud, que vuelve a tener comida, que vuelve a ir a la escuela y cada vez se siente menos triste.

–       Hacer lo posible porque sus actividades estén organizadas y tenga una rutina, una hora para comer, para dormir, para asearse, para jugar, etc.

En el caso de que los niños se encuentren con su familia, es fundamental trabajar con los miembros de su hogar, para que estén disponibles para ayudarlos también a descargar sus emociones, enseñarles a manejar lo que sienten de mejor manera (sin causar daño por ejemplo a sus hijos pequeños), recordándoles que a pesar de la situación difícil que están atravesando, sus niños siguen siendo su responsabilidad, y que en estos momentos ellos necesitan sentirse amados, cuidados y protegidos. Adicionalmente, es muy útil que los adultos puedan unirse a otros miembros de la comunidad en la misma situación para encontrar apoyo mutuo y para tener una guía es esencial la intervención de un profesional.

No podemos dejar de lado a los niños que no han sido parte activa del desastre, pero se han visto expuestos a la información recibida,  será también básico explicarles de lo sucedido y estar alertas a las posibles consecuencias en su estado de ánimo. Está dentro de los parámetros esperados que los niños que han vivido directa o indirectamente la catástrofe, puedan presentar estados de irritabilidad, agresividad, lloren más y tal  vez no obedezcan, como también que no quieran dormir solos, etc. Es conveniente saber como padres que estas actitudes no son producto de que los niños sean “malcriados”; sino que es una manera de expresar lo que están sintiendo, y que mientras vayan teniendo el cuidado e información correcta, se podrán sentir seguros y estos síntomas irán cediendo.

Es importante por lo tanto, estar alerta a los síntomas descritos anteriormente, brindar el soporte necesario a los niños y referirlos a un profesional de la salud si la situación resulta muy difícil de manejar. Lo ideal es que en estas circunstancias el niño cuente con el apoyo de familiares, voluntarios y profesionales.


Depresión infantil: principales síntomas y la importancia del apoyo familiar para superarla

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La depresión es un trastorno que también afecta a los niños desde temprana edad, con síntomas parecidos a los que se presentan en los adultos y algunos particulares a la etapa de desarrollo. Por falta de conocimiento, los adultos pueden tender a dar una explicación diferente al conjunto de síntomas propios de este trastorno y no brindar al niño el tratamiento adecuado, por lo que es importante saber los signos a los que se deben poner atención y consultar a un profesional de la salud para manejarlo.

Como padres y maestros, tenemos la responsabilidad de estar atentos a los cambios de conducta prolongados que se presenten en el niño. Hay que dar importancia a los cambios bruscos en el temperamento, así como a emociones que se presentan de manera “exagerada”; es decir, cuando el niño muestra una reacción que no es proporcional al hecho que la causó; niños que reaccionan de repente de manera agresiva, muestran un llanto prolongado, son muy sensibles a lo que ocurre en su entorno, se muestran intolerantes la mayor parte del tiempo y resulta difícil lograr que se calmen. También podría presentarse un constante estado de tristeza en el niño o de pérdida de interés en las actividades que normalmente llamaban su atención. Puede mostrarse decaído, apático, no tener energía.

También es común que tienda a aislarse, a no mostrar interés por estar en contacto con otros niños, que prefiera estar solo en su cuarto por largos períodos o en la escuela alejado del espacio de juegos.

Mientras más pequeño sea el niño, será difícil para él encontrar las palabras para describir sus emociones, por lo que puede quejarse constantemente de síntomas físicos como dolores de cabeza, de estómago, náuseas, mareos, sin que estos tengan una causa médica.  También puede existir una mayor predisposición a contraer enfermedades y presentar retrasos en el desarrollo; como por ejemplo, dejar de controlar esfínteres y tener menores habilidades para comunicarse. Puede perder el apetito o tener demasiadas ganas de comer y presentar alteraciones en el sueño.

Es posible que el niño muestre mayor dependencia de sus cuidadores y no quiera que se separen de él o busque que hagan por él actividades de la vida cotidiana que ya había logrado hacer por sí solo, como alimentarse, vestirse y en general presente una sensación de incapacidad para desempeñarse de manera individual. Mostrará también dificultades para concentrarse, aprender nuevos conocimientos, lo que se reflejará en un bajo rendimiento académico.

Hay que estar atentos a actitudes autodestructivas como arrancar su cabello, causarse heridas en la piel, morder sus uñas de manera constante y ansiosa, exponerse de manera reiterativa a situaciones de riesgo, buscar ingerir sustancias tóxicas, etc. El niño mostrará una pobre percepción de sí mismo, atribuyéndose características negativas, como ser tonto, feo, malcriado y mostrará gran inseguridad en sus capacidades, se sentirá culpable por lo que ocurra en su entorno o tenderá a victimizarse en exceso. También puede comunicar su deseo de dejar de existir, de irse de la casa, etc.

Las causas para que se presente la depresión en niños son muy variadas, pero de manera general, están relacionadas con cambios inesperados y significativos en el ambiente del niño o con hechos que representar malestar o daño psicológico para él .  Algunos eventos que potencialmente podrían causar este trastorno son: separación o divorcio de los padres, estar expuesto a constante violencia, maltrato o negligencia en el ambiente familiar, muerte o separación de alguna persona importante para el niño, cambio de país, ser víctima de bullying, abuso sexual, haber perdido alguna capacidad física, entre otros. Se habla también de un componente hereditario, antecedentes de depresión en otros miembros de la familia, que hacen que exista una mayor disposición a desarrollar este trastorno.

La depresión como muchos otros trastornos psicológicos, puede ser incomprendida por el entorno. Se tiende a pensar que para superarla solo se necesita fuerza de voluntad, “poner de parte”; sin embargo, los síntomas no pueden ser controlados por la persona deprimida, que siente que ellos le incapacitan y le dominan. Es importante recordar que en ese momento los recursos personales para superar la situación no están funcionando como lo harían en un estado de mayor bienestar emocional. En el caso de los niños, muy comúnmente el conjunto de síntomas es interpretado como un problema de conducta, y se puede decir que el niño se comporta de la manera en que lo hace porque es “malcriado”, porque los papás lo consienten mucho o porque le hace falta que lo castiguen. Sin duda, este enfoque no ayudará a que el niño pueda superar la depresión e incluso empeorará sus síntomas.

Vale la pena por lo tanto acudir a un profesional que pueda orientar a la familia para brindar al niño lo que necesita y trabajar de manera individual con él para ayudarlo a superar la situación que la causó y a manejar los sentimientos propios de esta etapa.

Algunas recomendaciones útiles para manejar la depresión en los niños son:

  • Brindar estabilidad emocional al niño: procurar que el ambiente familiar sea tranquilo, evitar conflictos entre padres y con el niño. Alejarlo de cualquier situación o persona que le haya causado o pueda causar daño físico o psicológico.
  • Mantener reglas dentro de la familia y una rutina para el niño; establecerlos en el caso de que no existan. Las reglas establecerán cómo se lleva la convivencia entre las personas que forman la familia, qué se permite y qué no. La rutina tiene que ver con las actividades que debe cumplir el niño durante el día, debe establecer un momento para cada actividad y un orden para cumplirlas. Estos darán al niño una sensación de mayor estabilidad y seguridad, también ayudará para que vea a los padres como personas a cargo de la familia. Se establecerán también consecuencias para el incumplimiento de las reglas y responsabilidades para cada uno de los miembros. No se usarán castigos físicos en ningún caso.
  • Evitar cambios importantes en el entorno o en las personas que rodean al niño. Está relacionado con evitar cambios de casa, de ciudad, de escuela, separaciones entre los padres, cambios en las personas que cuidan al niño, iniciar una actividad nueva, etc., mientras se supera la etapa difícil.
  • Brindar un ambiente empático, implica mostrar comprensión con el estado emocional del niño. Brindar demostraciones de afecto, atención, compartir tiempo con él, darle espacios para que pueda expresar como se siente libremente y sin ser juzgado, darle mayor apoyo en sus tareas cotidianas mientras supera la situación. Recordando al niño que lo quieren y que están con él de manera incondicional.
  • Fortalecer su autoestima. Ser pacientes respecto a la mayor necesidad de ayuda que tenga el niño pero también recordar que hay muchas actividades que él puede hacer por sí solo, felicitarlo por sus logros y hacerle notar sus capacidades.

Sin duda, acompañar a uno de nuestros niños en su proceso de depresión puede ser muy difícil y desgastante para toda la familia, pero es importante recordar que con el amor y comprensión del entorno, esta etapa logrará superar y servirá para fortalecer los vínculos dentro de la familia.


La búsqueda excesiva de aceptación y sus efectos

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Uno de los temas importantes que se presentan en la consulta psicológica y puede aparecer en niños, adolescentes y adultos son las dificultades que se generan por una búsqueda excesiva de aprobación de los demás.

La aceptación del otro juega un papel fundamental en la constitución del sujeto. Desde muy pequeño, el bebé moldea sus conductas, reacciones e incluso va formando su personalidad en base al trato que recibe de sus cuidadores principales y a la respuesta que tiene de ellos. A través de la otra persona, el bebé y posteriormente el niño define quién es; desde el amor y cuidado del otro surge el amor hacia sí mismo y la manera de relacionarse con los demás.

En muchos casos, el sentimiento de no haber sido amado, no haber recibido la atención suficiente de los cuidadores, haber tenido padres sobreprotectores, muy críticos o demandantes, puede llevar al individuo a tener mucha inseguridad en sí mismo, haciéndolo sentir confundido en cuanto a quién es, y generando dificultades para establecer relaciones saludables con el entorno.

Una de las posibilidades es desarrollar relaciones de dependencia con los demás, lo que se traduce en la búsqueda constante y desesperada de aceptación por parte de las personas que lo rodean; desde su familia, su pareja, amigos y compañeros de trabajo. La persona tratará de suplir con esta búsqueda sus carencias o seguir manteniendo relaciones en las que el otro hace por él, en las que la otra persona tiene mucho control y cuya opinión es extremadamente importante y determina su bienestar o malestar.

Este es entonces, un modo de relacionarse con el entorno que la persona desarrolla a partir del tipo de crianza que ha tenido y de experiencias que lo han marcado en su vida. Y puede darse no solamente hacia sus personas cercanas sino terminar siendo una actitud general hacia el mundo, del que resulta extremadamente importante recibir lo que él considera una respuesta positiva para sentirse bien consigo mismo.

En este escenario, tienen un papel fundamental los altos estándares que la sociedad actual impone para ser considerado una persona exitosa, que en los adultos puede estar determinado por su aspecto físico, el trabajo que desempeña, el sueldo que percibe, el círculo social que frecuenta, si ha formado una familia o no, las actividades que lo ocupan en su tiempo libre, etc. Está establecido entonces un estilo de vida que se considera “ideal” y que todos en mayor o menor medida nos vemos presionados a cumplir en diferentes etapas de la vida.

La combinación de los factores descritos resulta en que la persona busca de manera obsesiva el cumplimiento de estándares ajenos, como una necesidad primordial, como el objetivo de su vida, no por su propia satisfacción sino porque espera recibir del otro la aceptación que lo hará sentir bien consigo mismo.

En este proceso la persona puede experimentar gran ansiedad, tener cambios bruscos en su estado de ánimo, perder el sueño, el apetito, tener deterioros en su salud física, tener dificultad para establecer y mantener relaciones sociales, presentar un bajo rendimiento en sus estudios y trabajo, perder el interés por actividades que antes consideraba placenteras, etc. La mayor parte de su energía está destinada a conseguir una mirada, un gesto, una palabra que le confirme su valor personal. Al estar tan pendiente de la reacción y ser tan sensible a ella es probable que en muchos casos la respuesta que recibe sea percibida como la confirmación de que “no vale”, que no es interesante, no es simpático, inteligente, exitoso, etc. Y esta situación se repite constantemente, haciéndose cada vez más difícil para la recibir la respuesta que busca y agravando el problema de autopercepción que se esconde detrás.

Todos podemos sentirnos identificados de una u otra manera con esta dinámica, existen momentos de mayor vulnerabilidad en la que hemos sido más susceptibles a lo que recibimos del entorno. De hecho, es natural que la opinión de los demás siempre tenga un papel importante en nuestras vidas, de alguna manera es lo que nos permite también ser parte de una sociedad. Sin embargo, cuando existe una mayor afectación siempre será importante buscar ayuda profesional.

Vale la pena recordar que el exceso de atención en la respuesta del otro proviene en gran medida de una falta de contacto con uno mismo, por lo que siempre será importante volver a poner atención en nuestras propias sensaciones, emociones y sentimientos. Volver a escuchar a nuestro yo interno que siempre será el mejor indicador de lo que nos hace bien y del camino adecuado a seguir. Será importante darnos la oportunidad de encontrar lo que nos da una felicidad real y plena, aprender a cuidarnos a nosotros mismos, alejándonos de las situaciones o personas que nos hacen daño. Para resolver temas inconclusos del pasado, será fundamental recurrir a la consulta psicológica que nos ayudará a elaborar estas situaciones para que no sigan afectando en nuestra vida actual.